
En Japón se continúa luchando en estos momentos a dos puntas: por un lado hay que hacer frente a las pérdidas que provocó el terremoto-tsunami, concentrándose en la reconstrucción de las ciudades más afectadas, en el cuidado de las numerosas víctimas, en la búsqueda de los aún hoy numerosos desaparecidos y por otro lado tratando de evitar la inminente crisis nuclear, tema aún no resuelto.
Sin embargo, este tema, más que grave de por sí, parece haber salido de las agendas mediáticas de muchos medios de prensa escrita y ni que hablar de los medios radiales y televisivos, lo que de alguna manera nos demuestra que el lugar que ocupan las noticias en los medios masivos de comunicación no está pautado por lo importante de la noticia (que esta lo es sin ninguna duda) sino por la inminencia del hecho que la provocó (ya más de una semana es mucho para mantener una noticia como titular destacado). Pareciera que nuestra atención cada vez más dispersa no puede mantener la concentración o el interés en una noticia que se repite día a día, por más grave que esta sea. Esto debe ser una especie de mecanismo de sobrevivencia de nuestro cerebro, que evita que la atención se concentre mucho tiempo en las calamidades, ya que la tensión sostenida, a la larga, nos provoca daños.
En fin, más allá de las disquisiciones sobre la noticia, Japón sigue luchando. La Central de Fukushima todavía no está dominada en sus peligros nucleares en Japón. Es mas, en estos días se detectó un nivel de radiación récord en el mar japonés: cuatro mil trescientos ochenta y cinco veces más por encima del límite legal. El Primer Ministro Naoto Kan anunció que apenas se solucione el problema, la Central será cerrada. Se anunció que no se nacionalizará la empresa Tokio Electric Power Co Tepco, dueña de la Central, por el momento, pero que el gobierno comprará acciones de la compañía para inyectarle un flujo de capital, que le permita hacer frente de la mejor forma posible a esta grave coyuntura. También se emitió una orden para incrementar las medidas de seguridad en otras plantas nucleares, incluyendo algunas que tienen directamente que ver con la posibilidad de nuevos tsunamis (por ejemplo aumentar la altura de los muros protectores). Se anunció, también, que por ahora, no se ampliará la zona de exclusión de veinte kilómetros cercana a la central afectada.
Es evidente que la noticia ya no será primera plana, pero la crisis no pasó.